[Reseña] Arrow 2×23 – Unthinkable

Póster final de 2ª temporada de Arrow

Echamos el cierre a la segunda temporada de Arrow con Unthinkable (“Lo Impensable”). La espera se ha hecho larga, pues las expectativas eran realmente altas. ¿Ha estado a la altura este final? La respuesta corta a esta pregunta es “sí, pero”. Confluyen multitud de sensaciones encontradas en un capítulo que, pese a que cumple con creces, no logra transmitir la misma epicidad que su homólogo de la primera temporada. Por suerte, como viene siendo habitual en Arrow, lo bueno supera con holgura a lo malo, así que centrémonos primero en aquellos pequeños detalles que chirrían.

En anteriores reseñas de Arrow comentábamos que nos encontrábamos frente a una serie ambiciosa. Eso no ha cambiado, solo que a veces la ambición acaba por tornarse avaricia. No avaricia en el sentido monetario, sino en el de querer abarcar más de lo que realmente se puede. Este es el caso de la inclusión de la trama de John Diggle. Si bien es cierto que un personaje tan trascendente necesitaba “algo” de aliciente para cerrar esta etapa, la cruda verdad es que no han sabido hacerlo encajar de una manera coherente. ¿Lyla, su chica, aparece en helicóptero con un bazooka? ¿Y ambos consiguen hacerse con el control de A.R.G.U.S sin siquiera sudar? Obviando la escasa seguridad de una organización con capacidad nuclear, la idea no era mala: repescar a Deadshot para tratar de incluir absolutamente todo lo que ha venido aconteciendo en esta segunda temporada.

El problema es que la avaricia que citábamos no acaba con Digg. El máximo exponente de este pecado capital es la forzadísima inclusión de la Liga de Asesinos capitaneados por Nyssa. Que lucen genial en pantalla, sí. Que mola verlos darse de leches con los hombres de Slade, sí. Pero todo ello arrastra una carga demasiado pesada que tan solo queda liberada antes del duelo final entre Oliver y Slade. La manera en la que se deshacen de Laurel -dardo y a dormir-, la muerte intrascendente de Isabel Rochev (un poco más y ni me percato de ello) y las prisas que parecen acompañar dichas escenas hacen que me lamente de lo que pudo haber sido y no fue.

Un elemento más que no acabó de encajar fue ese intento de destruir Starling City con el drone, al más puro estilo Los Vengadores. Hubiera podido dar más de sí, pero acaba por ser anticlimático. Dicho problema se solventa antes del duelo entre héroe y villano, no después. La destrucción de Starling City no depende de Arrow ni del futuro de su combate a muerte. Al final, dicho enfrentamiento pierde trascendencia porque lo único que hay en juego es la propia vida de Ollie (ni Felicity ni Laurel corren ya peligro).

Y esto nos lleva al último punto negativo, que es también el más positivo (así que lo analizaremos desde las dos vertientes). El asunto en cuestión es la confrontación final entre Arrow y Deathstroke (que distinguimos del Oliver vs. Slade, pues los primeros luchan en el presente y los segundos en el flashback). El duelo era tan esperado, tan anticipado y tan bien conducido que yo, personalmente, me esperaba más. Me esperaba más de Deathstroke, quien habiendo sido el maestro de Ollie no demostró poder plantar cara a Arrow en ningún momento. Me pareció inferior a Malcolm Merlyn, un tipo que sí se las hizo pasar bien putas a nuestro héroe. Los estilos de Deathstroke y Arrow daban para un duelo sangriento y muy vistoso (¡quería ver esa katana partiendo el arco!) que no se llegó a producir. De hecho, es mucho más interesante el Oliver vs. Slade del flashback. Pero mucho más.

Nyssa al Ghul

Hasta aquí lo malo. ¿Y lo bueno? Lo bueno es el resto. Todo lo demás es genialmente bueno. Empezando por Felicity. El juego del rapto de la princesa por parte del villano, tan recreado en el cine, esta vez tuvo un giro tan inesperado (de ahí el título del episodio) como genial. No solo en la forma -me la colaron bien con la declaración de Oliver-, sino más aún en su significado: los guionistas, así como los mandamases de la serie, nos mandan un mensaje en tono de burla. Se ríen de nosotros, pero lo hacen con elegancia. ¿A quien ama Oliver? ¿A Felicity o a Laurel? Slade rapta a Laurel, Ollie se declara a Felicity… ¡pero todo era una estratagema! Por supuesto, todos sabemos la verdad, y sabemos que Laurel sobra en la ecuación por mucho que su personaje sea la pareja de Green Arrow en los cómics. Pero el detalle ha sido ingenioso. Como si nos dijeran: “sabemos que queréis a Felicity. Sabemos que queréis que estén juntos. Tomad… pero no tan rápido. Todo a su debido tiempo”.

Otro punto muy interesante es como hilan la trama de Roy con la de Thea. Me encanta tener de nuevo a Malcolm Merlyn, y el giro final de Thea es algo que puede dar mucho juego en el futuro -“mi padre psicópata está contento de que le haya disparado”-. Y Roy, pese a que me ha resultado simplón que no se indague en las consecuencias de sus actos cuando le dominaba la rabia, recoge el testigo de Oliver y pasa a ser aquel quien todos esperábamos que fuera: Red Arrow.

Debo quitarme el sombrero también ante la formidable batalla del túnel. Ver a los hombres de Slade cargar contra los héroes respaldados por los asesinos, con Arrow a la cabeza dando órdenes, es un puntazo. Las coreografías son muy espectaculares, especialmente las de Nyssa y Roy. ¡Incluso el Detective Lance tiene su momento!

Y nos centramos por fin, ahora desde el punto de vista positivo, en el duelo a muerte entre Arrow/Oliver y Deathstroke/Slade. La inclusión de los dos combates en paralelo es brillante. El montaje es tan bueno que por momentos los movimientos de ambos en el pasado confluyen en el presente, y viceversa. No me repetiré, pues ya he mentado que me pareció mucho mejor el combate del flashback. Con el agua cayendo entre ambos -¡detallazo la “muerte” de Sara! ¡Hasta repiten el plano del hundimiento del barco de papá Queen!-, luchando a vida o muerte, amigo contra amigo. Y el clímax del duelo requiere una mención aparte, pues la resolución de ambos combates (pasado y presente) tiene todo que ver con el arco de transformación (minipunto para quien pille el chiste) de Oliver. Analicemos un detalle que puede haber pasado inadvertido.

arrow-roy-harper-colton-haynes

Ollie, en el flashback, tiene a Slade vencido enterrado por las vigas. En una mano, Oliver tiene la cura. En la otra, una flecha. Justo antes de dicho momento, Ollie se topa con la máscara de Slade, que como sabemos es bicolor. Una mitad negra, la otra amarilla. Esa máscara, señoras y señores, es Oliver. La parte negra es el Oliver de la Isla, y la amarilla es el Oliver actual. El bien y el mal, el yin y el yang. La dualidad que existe en el corazón de todo ser humano. Y, al final, Oliver se decanta por el mal y clava la flecha en el ojo de Slade… que coincide con la mitad negra. Este detalle está en el guion, no es casual. Por cierto, impagable la cara de sádico que imprime Stephen Amell a Oliver cuando “mata” a Slade… acojonante.

Y esta es la transformación del antiguo Oliver en el nuevo. Que esta vez elije la cara amarilla. Elije el bien. Cerramos así la trama del protagonista, aquella con la que abríamos la segunda temporada y que nos recuerda con cada intro: “para honrar la memoria de mi amigo -Tommy- no puedo seguir siendo el asesino que una vez fui”. Porque ahora Arrow ya no es un Justiciero, ni un Vigilante, como solían llamarlo. Ahora es un héroe, y se lo hace saber a Slade (¿solo a mí me ha recordado mucho a Lost ese bunker en la isla?).

Y, para terminar, tres detalles a resaltar.

Detalle 1: Oliver agradece a Slade haberlo convertido en héroe… y le dice que está en el Purgatorio (recordemos que ese es el significado en mandarín de Lian Yu, el nombre de la Isla).

Detalle 2: ¡Digg va a ser papá! Detallazo que abre un mundo de posibilidades.

Detalle 3: La trama de la Isla da un nuevo giro con Amanda y Ollie en Hong Kong. ¡Los flashbacks pintan cada vez mejor!