[Reseña] Damian: Hijo de Batman

Damian: Hijo de Batman

Debutando en la labor doble de hacer de guionista y dibujante a la vez, Andy Kubert recupera al personaje que co-creó junto a Grant Morrison y nos presenta una miniserie de cuatro números que bien podría estar dentro la línea Otros MundosDamian: Son of Batman.

Recogida en el tomo Damian: Hijo de Batman por ECC Ediciones, la obra está ambientada en un posible futuro hipotético en el que Damian Wayne debe luchar contra sí mismo para continuar con el legado del Cruzado de la Capa. En ese futuro, Bruce Wayne ya está retirado, Dick Grayson es Batman y Damian continúa siendo Robin. Nada más comenzar, en una misión aparentemente tranquila, un atentado acaba con la vida de Grayson, y Damian emprende una brutal y sanguinaria cruzada para intentar dar con el asesino.

Durante el proceso, Damian deberá lidiar con la eterna lucha del legado de Batman: matar y acabar con el mal de una vez, o no matar y dejar la puerta abierta al regreso de ese mal. Damian deberá descubrir su propio camino, luchando contra su propia naturaleza innata de asesino entrenado, y escuchando los consejos de su padre y un ajado Alfred. Es precisamente por esta lucha interna, que le lleva a acabar con la vida de varios villanos, por lo que Damian se resiste a recoger el manto de Batman, ahora que nadie más puede reclamarlo.

Pero la prueba más dura surge cuando Damian encuentra al que parece ser el asesino de Dick, un impostor que se hace pasar por el heredero del Joker que, además de haber matado a Batman, mantiene secuestrado a Bruce y amenaza con poner fin a su vida. Es aquí donde tendrá lugar un punto de inflexión que cambiará el futuro del Hombre Murciélago para siempre.

Kubert demuestra conocer a la perfección a Damian Wayne, no en vano ayudó a crearlo y a darle forma durante una de las mejores etapas batmaníacas de los últimos años. Fruto de la libertad que le otorga no tener que depender de la continuidad, Kubert se libera, pero sin desvariar demasiado. De hecho, este futuro hipotético podría ser fácil y tranquilamente un futuro posible para los personajes principales de la trama. Lo malo de todo es que, lamentablemente, el ahora guionista y dibujante es incapaz de brindarnos algo que esté a la altura de las maravillosas historias de Morrison, aunque juega a su favor que conseguir eso no está al alcance de cualquiera.

Donde si vale la pena destacar el trabajo de Kubert es en el apartado gráfico, con dibujos de mucha calidad y espectaculares viñetas a página completa que nos recuerdan por qué es uno de los dibujantes más a tener en cuenta hoy en día. Se nota que se siente como pez en el agua dibujando a estos personajes, y que ya les ha cogido el puntillo en cuanto a expresividad, aspecto y lenguaje corporal. Sin duda, el mejor aspecto de la serie.

Ahora bien, cerrando la reseña a nivel general, hay que decir que esta pequeña miniserie no nos aporta nada que no hayamos visto, ni nos enseña nada que no supiéramos. Simplemente traslada el trabajo de Morrison un poco hacia el futuro, pero retratándolo de forma que se encuentra un escalón por debajo. Volvemos, por desgracia, a estar ante una obra intrascendente que entretiene cuando se lee, pero que cae rápidamente en el olvido por el poco peso de su historia y su transparencia ante el devenir de cualquiera de los personajes que aparecen en ella.