[Reseña] Dial H: Fin

Dial H: Fin

Y llego el día en el que ECC Ediciones nos brindó un tercer tomo para poner fin a una de las series más extrañas de DC Comics en los últimos años. Con Dial H: Fin, que recopila Dial H for Hero Nº 11-15 y Justice League Nº 23.3, se pone punto y final a las aventuras narradas por China Miéville.

Si esta serie no era ya lo suficientemente bizarra de por sí, los números que le ponen fin se presentan añadiendo más factores de difícil manejo y peor entendimiento a la ecuación, como si lo que hemos tenido hasta ahora fuese poca cosa.

Como ha ocurrido anteriormente, el tomo llega para presentar algo más, ya sea diferente o raro, pero algo más. Cada paso es una vuelta de tuerca, y eso hace que Dial H sea una de las cosas más difíciles de leer a las que se ha enfrentado un servidor en los últimos tiempos. No solo por el concepto, los guiones o la historia, que se las traen, sino también por la dinámica cambiante y retorcida no apta para lectores casuales.

Al no ser un final repentino, sino conocido por el guionista, toda la trama se desarrolla ya hacia el clímax de un gran arco argumental que comenzó 15 números atrás. A base de apariciones repentinas, introducción de nuevos personajes, viajes y sorpresas, somos bombardeados y destruidos con una cantidad de información difícil de procesar de la forma en la que además se presenta.

Al fin tenemos un gran y temible enemigo final, un operador de diales que acoge en su seno como secuaz al malvado e interesado Ciempiés. Pero lo complicado llega con la introducción de los viajes interdimensionales, la existencia de diferentes tipos de Diales (cada uno con sus propias habilidades) y una trama que gira alrededor del desencadenamiento de un fin del mundo diferente para cada uno de los mundos alternativos. Por si no fuera poco, se introduce otro concepto, algo que no se llega a desarrollar del todo pero que queda ahí flotando: ¿Qué pasa si los poderes que otorga el Dial de turno son robados de otro héroe que existe de verdad?

Pero su gran problema es también su gran virtud. Dial H ha conseguido mantenerse como algo muy diferente, original y travieso, jugando con lo irreverente y lo grotesco de una forma que a veces te deja con la boca abierta incapaz de saber qué pensar. Y esto es un tesoro en un mar de mediocridades mainstream, algo difícil de encontrar y que, lamentablemente, siempre acaba por pegarse el batacazo debido a las bajas ventas. Obviamente, era algo de esperar cuando se construye un proyecto sobre una base tan poco accesible, pero da pena ver el resultado cuando este se produce.

Aún así, y como suele ocurrir con las obras de este perfil, no debería sorprender que con el tiempo Dial H se convirtiese en una obra de culto muy apreciada por los más devotos del mundo del cómic.