[Reseña] La Cosa del Pantano de Alan Moore Nº 4

La Cosa del Pantano de Alan Moore Nº 4

Continúa esta colección imprescindible con un nuevo número de ECC Comics titulado La Cosa del Pantano de Alan Moore Nº 4, un tomo que recopila The Swamp Thing Nº 43-50 y en el que Alan Moore se atreve a ir más allá todavía.

Retomando el hilo argumental con el que terminaba el tomo anterior, Gótico Americano, Alan Moore vuelve a tocar todos los temas polémicos que puede. Comenzando por las drogas, Moore crea una historia donde un hippie se encuentra un fruto caído del cuerpo de la Cosa del Pantano y dos fragmentos del mismo acaban en manos de dos personas completamente diferentes, una buena persona enferma de cáncer terminal y un indeseable aprovechado. La fruta genera un afecto psicotrópico en ambos, pero de diferente índole: un viaje maravilloso para la enferma y una auténtica tortura para el indeseable. El hippy, sabiendo esto, deduce que la fruta basa su efecto en la auténtica naturaleza de la persona que la consume, algo que le lleva a dudar si comerla o no, porque es incapaz de llegar a la conclusión de si él es realmente una buena o mala persona.

En segundo lugar, Moore vuelve al tema de los asesinos en serie, centrándose esta vez en un psicópata obsesionado con los ojos que mata por placer, pero también porque se cree el hombre del saco y tiene una misión que cumplir. La historia, sin ser nada del otro mundo ni tener trascendencia para el arco, se muestra como una original y agradable lectura en la que vemos destellos de la lucha casi involuntaria de nuestro protagonista contra el mal en general.

Posteriormente, nos encontramos con una historia clásica de una casa encantada llena de fantasmas, pero que sirve a la vez de crítica hacia el uso y el abuso de armas de fuego en Estados Unidos. Como decimos, al guionista no le tiembla la mano a la hora de tocar temas polémicos, y aquí no deja de lado la masacre cometida contra los nativos norteamericanos o el dinero generado por la venta de armas.

Es a partir de aquí cuando comienza el cruce con Crisis en Tierras Infinitas, algo que en realidad se viene fraguando en la serie desde que la Cosa del Pantano se encontró por primera vez con John Constantine. Moore adopta este evento que desembocará en la destrucción de la realidad, aunque centrándose en el plano espiritual, que parece depender de nuestro protagonista y compañía. El guionista presenta a la Cosa y a Alexander Luthor en un punto común con el evento que sacudió por entonces a DC Comics, para luego desdoblarse y asumir la catástrofe que se avecina como propia.

De hecho, vemos aquí lo que podrían ser las bases de lo que ahora conocemos como la Liga de la Justicia Oscura. Constantine estuvo enviando a la cosa a misiones relacionadas con lo sobrenatural, pero ahora sabemos que todo ello fue parte de un plan que sirviera como preparación para enfrentarse a una poderosa secta mágica más antigua que la vida, que pretende invocar a la más oscura oscuridad aprovechando la Crisis. Para superar esta amenaza, la cosa se unirá a Constantine y los magos más poderosos del mundo por un lado (Zatara, Zatanna, Sargon, Dr. Oculto, etc.), y a personajes de lo sobrenatural por otro, incluyendo a algunos como el Espectro, Deadman, Fantasma Errante, Dr. Destino o Etrigan.

Entre medias, y esto probablemente sea importante para el futuro, la Cosa del Pantano visita el Parlamento de los Árboles, una especie de cementerio donde van a “morir” ciertos elementales antes de dar paso a sus sucesores. Allí, la Cosa del Pantano actual encuentra respuesta a muchas de sus preguntas, a la vez que se generan otras. Pero lo más importante es, quizás, que supone un punto de inflexión a partir del cual la cosa será más consciente de su auténtico poder y de su verdadera misión. ¿Cómo iba a saber si no que puede viajar por el tiempo o a los límites entre la vida y la muerte? ¿Cómo iba a deducir que es capaz de manipular a los animales e insectos, o a mantener varias consciencias de forma simultánea? Aunque no llegamos a verle usar estas nuevas habilidades, se abren las posibilidades para su uso en el futuro.

De fondo, por si no fuera suficiente, comienza un hilo en el que la chica es descubierta relacionándose con la cosa, una información que se hace pública y por la que es detenida. Veremos cómo se desarrolla esto.

El tomo termina con la batalla final en el mismísimo infierno donde el grupo de la Cosa del Pantano se enfrenta a la oscuridad, mientras el equipo de Constantine apoya desde la Tierra. Un final trágico, desgarrador, espectacular y lleno de todos los elementos que se podrían desear en una lucha en el infierno por salvar a la existencia de manos del mayor mal que se ha conocido jamás. De esto tampoco revelaremos más detalles para no fastidiar la lectura, pero magistral es quedarse cortos.

En el apartado gráfico continúan desfilando los dibujantes Alfredo Alcalá, John Totleben, Rick Veitch, Ron Randall, Stan Woch, Stephen Bissette y Tom Mandrake, algunos con más peso que otros, pero todos ellos con una actuación brillante. Sus puestas en escena aportan el grado de terror necesario para transmitir lo escrito por Moore, y si hay que ser gráficos y explícitos, no hay problema. Tampoco hay problema a la hora de experimentar con la organización de las viñetas, el orden de narración, los colores o la psicodelia visual requerida, por ejemplo, en la primera historia o en el impresionante final. Como lleva ocurriendo desde el comienzo, cabe destacar el trabajo de Bissette y Totleben, que además dicen adiós a la serie. Queda pendiente pues comprobar si los dibujos se resienten debido a ello.

En general, en estos números parece haberse introducido más terror que en números anteriores, o al menos esa es la sensación que ha generado su lectura a un servidor. La maestría con la que Moore mezcla la crítica, el terror, lo esotérico y lo mitológico es realmente asombrosa, ya que a pesar de semejante mezcla de elementos la obra no se resiente en ningún momento. Hay momentos realmente polémicos, realmente críticos y, sobre todo, realmente espeluznantes, dignos de cualquier maestro del género de terror. Ahora bien, gran parte de esta sensación también la construyen sus colaboradores artísticos, y no solo los dibujantes, sino también los entintandores y los coloristas. Al final, como siempre ocurre, una obra de arte en el mundo del cómic lo es porque todos los elementos se alinean para ofrecer lo mejor.