[Reseña] Batman: Bajo la Capucha Nº 2

Batman: Bajo la Capucha Nº 2

En el primer tomo, que recopilaba la miniserie Red Hood: The Lost Days, Judd Winick nos relataba a posteriori el origen del regreso de Jason Todd, donde descubríamos los cómos y los por qués de su regreso, sus motivaciones y sus acciones.

Ahora, manteniendo la cronología temporal, ECC Ediciones nos mete con Batman: Bajo la Capucha Nº 2 de lleno en la primera parte del arco argumental de Winick que originó el “nacimiento” del nuevo Capucha Roja en las páginas de Batman Nº 635-641 allá por 2005.

En estas páginas no tenemos ningún origen como tal, sino a un Capucha Roja que llega a la ciudad con las cosas muy claras y las ideas muy definidas. Al principio, el guionista nos vende al personaje como un nuevo villano de identidad desconocida para todo el mundo (incluido el lector), que busca hacerse un hueco en Gotham en un momento donde el criminal que manda es Máscara Negra.

Aunque al principio Máscara Negra lo ignora porque Capucha Roja empieza asestando pequeños golpes desde abajo, Batman ya empieza a estar preocupado por la irrupción de un nuevo jugador en la batalla por controlar los bajos fondos gothamitas, uno que apunta maneras. Y lo hace con razón, porque cuando nos queremos dar cuenta, Jason ya está extorsionado al propio Máscara Negra.

A medida que el nombre de Capucha Roja empieza a escalar posiciones y a ser temido entre los villanos y mafiosos de la ciudad, que ya dudan de a quién seguir, también vamos viendo cuáles son las intenciones reales del personaje, las cuales se revelan parcialmente en un encuentro fortuito con Ónix, y totalmente en el primer enfrenamiento contra Batman.

Es en ese enfrentamiento en el que Batman descubre al fin que el hombre bajo la máscara es, efectivamente, Jason Todd, pero el Hombre Murciélago ya lo sospechaba. Lo sospechaba pero no quería creerlo, o más bien tenía miedo de creerlo, tal y como demuestra su búsqueda de posibilidades y evidencias visitando a algunos de sus compañeros de la Liga de la Justicia que conocen métodos de resurrección (Zatanna y Jason Blood), o que directamente volvieron de entre los muertos (Flecha Verde y Superman).

Pero nosotros, ávidos lectores, ya lo sabíamos. Ya sabíamos que ese hombre era Todd, y no por lo leído en el primer tomo, sino por todas las pistas, todos los flashbacks, todos los comentarios y, sobre todo, esa escena en la que Capucha Roja muele a palos al Joker con una barra metálica. Winick va soltando perlas aquí y allá, haciendo continuas referencias a las relaciones de Batman con sus Robin, evidenciando las cosas que aprendieron los pupilos del maestro y el maestro de los pupilos, metiendo a Nightwing en la historia como ayudante circunstancial de Batman, y destacando las pérdidas que ha sufrido el Cruzado de la Capa en su vida, siendo la más reciente la de Oráculo.

Pero Capucha Roja no solo le revela a Batman su identidad, sino que además le revela sus intenciones. Jason quiere ser el verdadero héroe que necesita Gotham, un héroe implacable que no dudará en hacer lo que haya que hacer para acabar con los malos, un héroe que no dará segundas oportunidades. Vamos, lo que ahora se conoce como anti-héroe.

Y es que esto es lo que más le duele, que Batman no es capaz de ir más allá, de dar el golpe final que evite que los villanos vuelvan a las andadas. Es un dolor que ha tomado forma en la figura de un Joker, que sigue vivo después de lo que le hizo porque así lo ha permitido Batman, y que ahora se hace extensible a toda la escoria que puebla las calles de Gotham. Lógicamente, pese a ser quien es, Batman se verá obligado a intentar detenerle, ya que esto va en contra de los principios que lleva defendiendo desde sus inicios.

Independientemente de la historia, uno de los hechos más destacables de este clásico es la personalidad con la que dota Winick a Jason Todd, un tipo duro, serio, correoso, decidido y experimentado. Tiene las cosas claras, es metódico y siempre planea todos sus movimientos, algo que seguramente ha aprendido de su mentor, el Señor de la Noche. Pero por otro lado es gracioso, irónico y dicharachero, algo que aún dota de más seguridad al personaje, y que distrae y desquicia a sus oponentes.

Hablando de los dibujos, el señor Doug Mahnke trabajó en este arco tocado por los dioses. Si hay que hablar de perfección, hablemos ahora, porque Mahnke nos brinda uno de sus mejores trabajos en una obra que no era nada fácil. El dibujante es capaz de mantener el misterio constante de algo que se intuye lo que es, pero que aún no se conoce, y lo hace con impactantes escenas que sorprenden al lector tanto por su puesta en escena como por su significado. Además, puede resultar complicado trabajar en varios números cargados de acción donde los principales protagonistas son “más saltarines” de lo normal, pero lo hace dotándolos de personalidad propia y alejándolos de la sensación de ser unos “payasos de circo”, convirtiéndolos en algo creíble, dentro de lo que cabe.

Todo se resolverá en el tercer tomo, pero a estas alturas ya sabemos que lo que tenemos entre manos es una pequeña obra de peso, tanto por su guión y su trascendencia, como por la calidad de su apartado artístico. Lo sabemos por lo que estamos leyendo, y lo sabemos porque se ha reeditado, pero de cualquier forma estamos deseando ver el desenlace.