[Reseña] Batman: Bajo la Capucha Nº 3

Batman: Bajo la Capucha Nº 3

Batman: Bajo la Capucha Nº 3 continúa este fantástico arco argumental recuperado por ECC Ediciones, poniendo punto y final a la historia con los números originales Batman Nº 645-650 y Batman Annual Nº 25 USA.

Lógicamente, aunque haya un salto de tomo a tomo, la historia continúa de forma fluida, con un Batman preocupado por lo que ya es el regreso confirmado de Jason Todd, por mucho que aún no se lo quiera creer porque, en realidad, no lo puede demostrar. Pero más preocupado aún está Máscara Negra, el hasta ahora señor de los bajos fondos de Gotham, que ha visto amenazada su supremacía por alguien contra quien no puede combatir y al que no puede vencer, por mucho que se lo proponga y por mucho que Deathstroke le brinde la ayuda de la Sociedad de Villanos.

Y así transcurre el tomo. Capucha Roja minando todos los negocios de Máscara Negra, matando a sus secuaces y atacándole donde más le duele, a la vez que pone en jaque a Batman llamando su atención de forma continúa. así hasta que llega el momento en el que Jason decide dar el paso para un nuevo encuentro cara a cara, enviándole una pista que le confirma que tiene prisionero al Joker, el hombre que le «mató».

Teniendo en cuenta todo esto, podemos decir que existen tres puntos clave en este tomo que llegan rodeados de apuntes y flashbacks que aportan más al por qué de la actitud actual de Jason Todd. El primero es el momento en el que Batman y Capucha Roja se ven rodeados por los miembros de la Sociedad de Villanos enviados a Gotham para ayudar a Máscara Negra. Aquí, ambos se ven obligados a luchar codo con codo, como antaño, colaborando de tal forma que es inevitable recordar los viejos tiempos de cuando Jason era Robin. Ahora bien, el desenlace de la pelea vuelve a poner todo en su sitio, y nos recuerda que Jason ya no es el chaval que era.

El segundo momento clave es un enfrentamiento directo entre Capucha Roja y Máscara Negra tras lo que parecía ser un acuerdo alcanzado entre ambos. Este acuerdo resulta ser una farsa, y aunque Máscara Negra sale victorioso, todo es un plan para que Batman sea testigo y acabe donde tiene que acabar, en el lugar donde Jason retiene al Joker.

Y, finalmente, llegamos al tercer punto clave, que básicamente será el desenlace. Aquí se produce el segundo y último enfrentamiento directo del arco entre Capucha Roja y Batman. Con una explosión nuclear de fondo que, aparentemente, ha destruido la ciudad de Blüdhaven y, posiblemente, a Nightwing con ella, el Cruzado de la Capa y Jason Todd se enfrentan de forma definitiva.

Batman quiere salvar al Joker, siempre siguiendo sus principios de no matar, pero Capucha Roja tiene todo forrado de explosivos y amenaza con reventar el edificio entero. La explosión nuclear, aunque no lo parezca, juega un papel importante, ya que Capucha Roja la usa para atacar psicológicamente a un Batman que podría estar reviviendo el momento de la muerte de otro Robin, ahora reconvertido a Nightwing.

Es aquí también donde al fin uno se sincera con el otro, y viceversa, revelando Jason que no quiere venganza porque Batman no le consiguiese salvar, sino por no acabar después con el Joker por lo que había hecho. A esto Batman replica con su visión, diciendo que su deseo era matar al Joker, pero que eso sería demasiado fácil. El acuerdo parece imposible, y tras intercambios de golpes, bromas del Joker y resentimiento por doquier, todo llega a su fin de una forma que no vamos a revelar.

Completa el tomo un anual que sirve de epílogo y en el que Winick explica cómo resucitó Jason Todd y cómo se convirtió en Capucha Roja. Según parece, el guionista se vio obligado por mandato editorial a relacionar todo con Crisis Infinita, el evento que se celebraba por aquel entonces en DC Comics. Sobra decir que, aunque Winick resolvió el asunto de la forma más digna que pudo, el resultado fue, cuanto menos, mediocre. Eso sí, vemos un final que enlaza directamente con los eventos del primer tomo, demostrando así el buen trabajo realizado.

El apartado gráfico continúa siendo, como en el tomo anterior, soberbioDoug Mahnke mantiene el ritmo con unos dibujos perfectos para el misterio, la acción y el humor (las caras de Máscara Negra no tienen precio) que requiere esta obra. Lástima ese cierre de arco dibujado por Eric Battle, muy por debajo de lo que se venía haciendo desde el comienzo.

Curiosamente, tras este importante arco argumental que puso patas arriba el mundo de Batman, Capucha Roja ha seguido ahí, pero no ha vuelto a ser el mismo. Y no por el personaje en sí, sino porque ninguno de los autores posteriores han sabido imprimir en él la personalidad creada por Winick. Una pena que, si lo miramos por el lado bueno, le da más valor a esta saga.