[Reseña] La Cosa del Pantano de Alan Moore Nº 5

La Cosa del Pantano de Alan Moore Nº 5

La etapa de Alan Moore en esta serie está llegando a su fin, pero no por ello está decreciendo en calidad. Quizás todo lo contrario, porque tras el irregular Gótico Americano, donde Moore se vio obligado a introducir el evento Crisis en Tierras Infinitas, retomamos las historias que son más propias de este personaje.

En La Cosa del Pantano de Alan Moore Nº 5, que incluye Swamp Thing Nº 51-56 USA, sí vemos que el guionista decide abandonar el terror y los monstruos para abordar otras temáticas e, incluso otros géneros. Gran parte del tomo gira en torno a lo que ya se nos adelantó en el anterior. Abby es detenida por ser descubierta manteniendo relaciones con la Cosa del Pantano, y mientras la criatura aún no se ha enterado, a la joven le da tiempo a salir bajo fianza y escapar a Gotham, donde por casualidad es encarcelada de nuevo y retenida a expensas de una extradición.

Es en este momento en el que la Cosa del Pantano se entera de todo, y hecho una furia, contradice al Parlamento de los Árboles abusando de su poder para sumir a Gotham en una tormenta de vegetación que devuelve a la ciudad a una época primitiva, que durará hasta que le devuelvan a su amada. Ni siquiera Batman puede frenarle, y una vez conseguido su objetivo, cuando ya está a punto de abrazar a su mujer, un arma especial preparada por el gobierno con la ayuda de Lex Luthor consigue acabar con su vida.

Sí, la Cosa del Pantano ha muerto, y en unos pocos números vemos una enorme crítica de Moore a una sociedad desconfiada, cerrada en banda y discriminatoria con aquello que no conoce, pero también hacia la falta de conciencia ecológica y despreocupado avance de la sociedad a costa de la naturaleza. Bien es cierto que se muestra a un reducido número de individuos que defienden a los implicados, que incluso crean un movimiento de apoyo, pero la gran mayoría solo puede sentir horror y rechazo. Y todo esto lo narra de una forma muy poética, con mucha voz en off, y cuestionando filosóficamente todos y cada uno de los elementos que han estado apareciendo desde la primera página.

Ahora bien, si pensábamos que esto ya era suficientemente existencialista, entonces es que aún no habíamos leído Mi Cielo Azul. Aquí descubrimos que, en realidad, la Cosa del Pantano no ha muerto, sino que se ha trasladado a un planeta lejano donde todo tiene tonalidades azules y donde no hay más vida que la de algunos simples insectos, un lugar de donde no puede escapar sin arriesgarse a una muerte definitiva. Con un aspecto diferente motivado por la extraña flora local, y sumido en una pena y una soledad tan grande que le lleva incluso a plantearse su propia existencia, somos testigos de cómo este personaje es capaz de crear más “yos” a partir de la vegetación, individuos con los que comparte visión, conocimientos y experiencia.

Sin embargo, la soledad y el amor ya lejano que siente por Abby le llevan a aprovechar esa nueva habilidad para crear una situación grotesca y esperpéntica, un representación vegetal de la propia Abby y, posteriormente, de todo su pueblo natal, habitantes incluidos. Al principio todo parece ideal, pero la propia Cosa del Pantano se va dando cuenta de lo irreal que es todo, de lo absurdo de la situación, y de lo poco que llena su alma, llevándole prácticamente  al borde de la locura. Afortunadamente, una repentina lluvia actúa como líquido de limpieza que borra los rastros de ficción existencial, suficiente para que nuestro protagonista decida intentar volver a la Tierra aunque le cueste la vida.

Queda por medio una historia intrascendente para la trama general, pero especial en su particularidad. Se trata de toda una crítica, otra más, a la situación de la mujer en el mundo moderno. Esta crítica queda retratada en la forma de una mujer terriblemente maltratada física y psicológicamente por su marido, hasta tal punto que la mujer ha quedado reducida a un mero ser inseguro e incapaz de valerse por sí mismo. No sale de casa, se fabrica su propia ropa interior, no se sienta en la bañera por miedo a ahogarse, no usa electricidad por no electrocutarse y un largo etcétera, y todo porque su marido le ha lavado el cerebro para tenerla encerrada y completamente sumisa.

Lo que ocurre después en esta historia es simplemente una mera sucesión de acontecimientos, donde lo único que importa es la esencia de esa violencia de género que azota a la sociedad. Como curiosidad, la introducción contenido en este tomo revela que Moore se inspiró en un caso real de un familiar para relatar este terrible suceso.

En los dibujos tenemos principalmente a Rick Veitch, que aporta un trabajo increíble en todos los números del tomo excepto en el 53. Ahí, en ese número especial, no es que Veitch lo haga mal, sino que se sube al carro de forma temporal John Totleben con un trabajo brutal a la hora de convertir Gotham en una selva primitiva. En realidad, cualquier de los dos está sublime, aportando una calidad que ha ayudado mucho a encumbrar esta etapa de la serie hasta la categoría de obra maestra. Los entornos, las facciones, los ambientes y las sensaciones que provocan las diferentes viñetas contribuyen a trasladar de manera superlativa las inquietantes y profundas palabras de Moore.

En las puertas ya del final de la etapa, no podemos hacer más que esperar el siguiente tomo para, seguramente, desear que nunca hubiese llegado a su final.