[Reseña] Grandes Autores de Superman: John Byrne – Superman: El Hombre de Acero Vol. 3

GAS_byrne_n3_okBR

Dice Javier Olivares en el artículo que cierra el primer tomo de Grandes Autores de Superman: John Byrne, en el cual explica el porqué del relanzamiento y recreación del Hombre de Acero, que lo que estaba bien en los años 30 ya no valía en los 80. Todos aquellos superpoderes absurdos, la legión familiar: desde Superboy al superperro Krypto, pasando por todo tipo de superseres, las historias agotadas… Todo había quedado anticuado.

El problema de jugar con verdades absolutas es que estas pueden trasladarse con facilidad a otros momentos y a diferentes etapas y, al final, la misma herramienta que has usado para cuestionar lo anterior, te acaba cuestionando con el paso del tiempo.

Los que empezamos a leer cómics de superhéroes en los 80, tenemos la sensación (al menos yo la tengo) de que esos mismos cómics, además de acompañarnos, han crecido con nosotros. Se han hecho adultos y han sufrido las mismas etapas críticas durante su crecimiento. Si los 80 podemos asimilarlos con la inocencia y ese sentido de maravilla que sólo los ojos de un niño pueden conferir a lo que experimentan, los 90 fueron la adolescencia descerebrada, llena de horrores, granos y hormonas. Con el comienzo del nuevo milenio, los cómics se hicieron adultos, o eso nos pareció, y las cosas que en los 80 eran magia pura, en el 2013 a veces parecen sacadas de algún museo de los horrores. Es como esa serie de televisión de la cual eras fanático de niño y que recuerdas como lo más grande que has visto en tu vida y que, al volver a verla en alguna reposición, comprendes que lo más grande o mágico de dicha serie es una pantalla de croma cutre, un peinado hortera, un disfraz de licra sucio o la misma explosión repetida en cada episodio. Sí, ese episodio en el que nunca muere nadie.

Con John Byrne ha pasado algo parecido.

5-1
Nuevos enemigos.

Durante la década de los 80, John Byrne era sinónimo de cómic. Todo aquel que quería ser alguien en el mundillo, quería ser como él. Era el más grande, el más exitoso, el más admirado. Sus 4 Fantásticos son el mejor ejemplo de serie de superhéroes narrada de la manera clásica y mágica que puedo imaginar. Cuando DC se planteó relanzar a su buque insignia, a su Hombre de Acero, sólo un nombre podía hacerse cargo del proyecto. Y ese hombre era John Byrne. No había nadie mejor que él. Suya era la sensación de grandeza. Suyo el mejor dibujo. John, por aquel entonces, era sin duda «El Hombre«. Sin embargo, lo que fue estelar en los 80, no nos sirve en el 2013. John Byrne ha pasado a ser un autor casi olvidado, que produce obras que, siendo generosos, llamaríamos mediocres y a quien casi nadie ya tiene en cuenta. Aquellas mismas reglas que se aplicaron para renovar el Universo DC clásico y limpiarlo del sesgo infantiloide que parecía lastrarlo frente a Marvel, la eterna competidora, condenaron al autor británico a la segunda, tercera o cuarta fila. Él, que lo había sido todo. John Byrne. De número uno a un número más.

Cuando leo su Superman, muchos años después de hacerlo por primera vez, las emociones están encontradas. Por una parte, esa sensación de que estás ante un cómic pasado de moda y esclavo de su tiempo, es inevitable. Las historias un poco estrafalarias, el lenguaje engolado, el abuso de los bocadillos de pensamiento… todo nos sabe a hombrera enorme, a película de Adrian Lyne y a El Equipo A.  A todas luces estas palabras podrían desanimar a cualquiera que quiera iniciar la lectura de estos tomos, pero más bien al contrario, apreciar estos anacronismos estéticos nos ayudan a comprender la grandeza de lo que hizo Byrne por Superman en particular y por los cómics en general durante la década de los 80. Si nos esforzamos por talar los árboles estéticos que no nos permiten ver el bosque conceptual, lo que queda al descubierto es la frescura, la originalidad y el espíritu de diversión, imaginación y entretenimiento que nos cautivaron de niños e hicieron de nosotros lo que somos ahora. Y eso perdura. Siempre perdurará. Lo más importante ya no es la aportación que Byrne hace al mito del Superhombre al humanizarlo y tratar de explicar lo inexplicable. Lo que de verdad importa es que cómics como estos nos recuerdan por qué estamos aquí, por qué seguimos comprando tebeos, por qué nos gusta tanto algo que cada día nos da disgustos diferentes.

Y antiguas alianzas
Y antiguas alianzas

El Superman de Byrne es una lectura obligatoria para todo aquel que disfrute leyendo cómics de superhéroes. Es como un catecismo, como un libro de instrucciones que nos permite conocer mejor ese mundo al que hemos decidido dedicarle tantas horas. Una de esas colecciones que ennoblecen tu estantería, con el regusto añejo de un buen vino. El mismo vino que aunque a veces parece avinagrarse, en el fondo continúa siendo un gran reserva.

ECC Ediciones continúa con su excelente reedición del material clásico de Byrne en Superman y Action Comics, alternando con acierto ambas colecciones, intentando mantener en lo posible la coherencia temporal y argumental. En Superman, Byrne sigue creando nuevos enemigos para el héroe, nuevos desafíos que le lleven al límite y aportando todo lo posible al universo kryptoniano desde su particular visión. Es curioso ver como en cada episodio trata de hacer de Superman un personaje humano, poderoso, pero falible. Lo castiga, lo hiere, lo humilla, le hace cometer errores, afrontar que no es omnipotente, incluso la barba de tres días que en muchos de los números luce Clark Kent es un claro símbolo de humanización del dios omnipotente. En Action Comics, serie enfocada desde el principio como un team-up a la arácnida usanza, Byrne aprovecha para recorrer DC y darnos versiones diferentes de la mayoría de los iconos de la casa. Historias de un número en la mayoría de las ocasiones con pequeñas sagas intercaladas que no van más allá de la trilogía. Diversión mensual e instantánea. Historias completas mes a mes, un valor añadido que hoy hemos perdido. El tercer volumen de Grandes Autores de Superman: John Byrne, además, acaba con uno de esos «cliffhanger» que tanto bien han hecho a nuestra imaginación durante años, dejándonos con ansía de que llegue el siguiente ejemplar y saber cómo acaba la historia. Una vez más, la grandeza de Byrne puesta de manifiesto. Lo único que encuentro a faltar en este tercer tomo es ese valor añadido que los artículos, las fichas o las biografías dan a este tipo de publicaciones. Seguro que en los próximos tomos, ECC nos vuelve a regalar material adicional de este tipo.