[Reseña] Batman Nº 18

Batman Nº 18 ECC

Después de dos grandes sagas como La Noche de los Búhos y La Muerte de la Familia, los lectores asiduos a las andanzas del Caballero Oscuro ya estamos acostumbrados a los giros propios de la narrativa de Scott Snyder. El guionista y su característico modo de planear tramas largas llenas de incógnitas (que culminarán con finales controvertidos que causarán admiración y odio a partes iguales) suele ser siempre lo más destacable de la etapa que lleva conduciendo regularmente junto a su colega Greg Capullo desde hace ya dos años.

Tras los dos arcos argumentales anteriormente citados, que les han ocupado a los dos autores gran parte de su trayectoria al frente de Batman, le toca el turno a historias más pequeñas y concentradas aunque sin perder un ápice de la radicalidad que hemos disfrutado en todo este tiempo, es decir, continúan los golpes de efecto Snyderianos de toda la vida.

La historia de Batman que nos ocupa en esta reseña no comienza de forma frenética pero si muy potente, te adentra poco a poco en la situación, y el primer golpe de efecto no se hace esperar mucho. A partir de ese momento los admiradores del guionista aplauden porque saben que les depara algo realmente nuevo y desconcertante. Snyder nos azota con su primer punch que nos deja con la mente en blanco, la expresión desencajada y con una sonrisa complaciente, ahí está la gracia.

Pasadas las primeras páginas que conforman la introducción principal, Snyder y Capullo se ocupan de la intromisión directa en la serie de uno de los villanos más conocidos y estrafalarios de entre los que se contemplan entre las peligrosas calles de Gotham. Os hablo de Clayface, quien antes de convertirse en una masa de barro multiforme a consecuencia de un experimento, portaba la identidad del actor Basil Karlo. A partir de este momento, lamentablemente, uno puede llegar a perder el gran interés que suscita su gran comienzo y todo se vuelve más confuso. Un revoltijo de subtramas que no terminan y que no sabemos cómo continuar.

Si bien Snyder nos ha ido obsequiando durante este tiempo con entregas muy entretenidas llenas de incógnitas agrupadas en diferentes números conformando grandes sagas, esta vez parece que nos topamos con pequeñas luces discordantes en el camino. Y sin que esta primera parte (de dos) resulte mala, necesita obligatoriamente de su final (que ECC Ediciones editará en el siguiente número Batman Nº 19) para poder valorar esta pequeña historia en su justa medida. Mientras tanto, solo podemos quedarnos con un comienzo de aúpa, un extenso intermedio inundado por un mar de incertidumbre y un desenlace con bastantes preguntas sin respuesta, las cuales esperamos encontrar en la siguiente entrega.

El disfrute de cada historia le debe, como mínimo, la mitad a su ilustrador. Y si hablamos de Batman y Capullo, entonces con mayor motivo. Los dibujos de Greg parecen superarse en cada entrega, y en particular en este número, cobran especial importancia las expresiones faciales en primeros planos y el diseño de cierto personaje del que no revelaré su identidad.

Y continuamos con la menospreciada Detective Comics, con la que ECC Ediciones nos castiga sin la inclusión de su correspondiente portada, y donde celebramos el Nº 900 de la serie en toda su historia (al menos así sería si no fuese por la renumeración que se produjo tras el relanzamiento de todas las cabeceras del Universo DC).

Para tal ocasión, el guionista John Layman vuelve a hacer gala de su fascinación por los villanos Gothamitas prestando más atención sobre Manbat (o toda una banda de ellos mejor dicho) que será quien lleve la batuta en este concierto orquestado sobre una trama centrada en el barrio periférico de la ciudad, comúnmente denominado como “el 900”, que a su vez intenta hacer hincapié en la numeración que le correspondería a este capítulo.

El argumento por sí solo no podría ser más simple, y si no fuese por las dos historias de complemento (mucho más completas e interesantes que la historia principal), no averiguaríamos el porqué de la invasión de Manbats surcando los cielos de Gotham.

Pero no todo queda ahí, ya que John Layman introduce precisamente a través de las historias complementarias a más villanos como Pingüino Emperador, Mr. Combustible, Hipnótico y Sr. Mosaico, y los relaciona maravillosamente con la trama de los pobres e inocentes residentes de “el 900” reconvertidos en bestias aladas.

El arte de Jason Fabok se sobrepone como siempre y no son pocas las dobles páginas o ilustraciones de gran tamaño que nos dedica en este número, páginas realmente buenas donde poder deleitarse de su dibujo repleto de detalle.

Respecto a la edición de este Batman Nº 18, debo recordaros que este número (al igual que con las series Liga de la Justicia y Liga de la Justicia de América) ha sido editado por ECC Ediciones conservando el formato original de doble portada desplegable importado desde USA. Tratándose de una curiosa iniciativa por parte de DC Comics para sorprender al lector con portadas sorpresa, valga la redundancia, no seré yo quien os la fastidie. Así que no os lo penséis dos veces e ir a por vuestra grapa ya y voltead la página. Lo que encontraréis después tampoco está del todo mal.

Nota media final: 6/10