[Reseña] Dial H: Intercambio

Dial H: Intercambio

Con la publicación de Dial H: Intercambio, ECC Ediciones continúa con la serie original americana Dial H for Hero, ofreciéndonos en esta ocasión los números 7-10, y donde seguimos contando con el guión de China Miéville, novelista de literatura fantástica que es el alma máter de esta colección.

Bizarrada donde las haya, esta colección continúa mostrándonos el inusual viaje de dos improbables héroes por descubrir el origen de los diales y de sus poderes. En el nuevo arco argumental que se nos presenta en estos números, Nelson y Roxie viajan por el mundo intentando descubrir pistas que les lleven a revelar más información sobre el dial que poseen, y por qué no, a encontrar un segundo dial que les permita no tener que «intercambiar» el que ya poseen.

Como digo, alternándose una vez cada uno, la pareja se transforma y compagina la búsqueda de información con ayudar a hacer el bien y combatir el crimen, disfrutando de lo que hacen y dominándolo cada vez más. Sin embargo, no todo siempre es tan bonito, y van descubriendo que cada vez deben luchar más contra el poder del dial, para que sus mentes no se vean absorbidas y les invadan las personalidades de los héroes en los que se transforman.

Pero a medida que se acercan a eso que tanto ansían, tanto Nelson como Roxie verán que las cosas son mucho más complicadas de lo que parecían en un comienzo. Las pistas que van consiguiendo les llevan directamente a una organización gubernamental secreta que parece tener gran cantidad de información sobre los diales, y que incluso posee uno y experimentan con él. Como era de esperar, esta organización también va sobre los diales, y para ello el agente conocido como el Ciempiés hace acto de presencia para intentar atrapar a nuestros protagonistas.

Dial H: Intercambio

Con asalto la base secreta de la organización incluido, Nelson y Roxie consiguen hacer frente al Ciempiés, se hacen con el segundo dial e, incluso, descubren que hay diales «jefe» y diales «subordinado», que consiguen que el superhéroe de uno tenga poder y mando sobre el otro, incluso en contra de su voluntad.

La trama construida por Miéville continúa por los mismos derroteros que lo que leímos en el primer tomo. Sin embargo, conociendo ya a los protagonistas y el funcionamiento del dial, queda sitio para lo que realmente interesa, que es desarrollar una tela conspiratoria de misterio e incertidumbre sobre el origen de estos extraños dispositivos.

Miéville va soltando pequeñas perlas aquí y allá, pero sin revelar nada excesivamente relevante que nos lleve a perder el interés antes de tiempo, algo que seguramente heredado de su trabajo en el mundo de la prosa. Lo único que podríamos destacar es el peligro que podría correr la serie de meterse en más cosas de las que después pueda resolver de forma satisfactoria, algo así como lo que le pasó a la serie de televisión Perdidos. Aún así, de momento la cosa va bien, así que tampoco juguemos a ser adivinos.

Pero aunque el hilo general esté bien construido, el paso a paso de cada viñeta, cada página, es un poco confuso. Las escenas de acción, que afortunadamente no son demasiadas, no son el punto fuerte de esta serie, y he de reconocer que me he perdido un poco en algunas situaciones en las que parece que faltan viñetas por medio o en las que no sabes quién está hablando y/o de qué está hablando.

En esta ocasión, las labores artísticas recaen principalmente en el dibujante italiano Alberto Ponticelli, aunque en varios de los números podemos ver también cosas de Dan Green. El gran trabajo de Ponticelli en Frankenstein: Agente of S.H.A.D.E., pero sobre todo en El Soldado de Desconocido, le ha llevado a acabar en una serie atractiva que, a la vez, supone un gran reto al tener que dibujar a gran cantidad de nuevos superhéroes en cada número.

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Pero Ponticelli es un tipo de gran creatividad y capacidad de diseño, lo que le convierte en un dibujante ideal para el continuo nacimiento de nuevos seres extraños e impensables. La calidad de sus dibujos es innegable, y parece poseer un don innato para dibujar lo extraño, lo paranormal y lo grotesco.

Seguimos pues teniendo una colección peculiar, original y, además, de calidad. Y todo ello con el mérito de estar protagonizada por dos personajes totalmente normales y mundanos, y de no contar siquiera con una mera referencia a cualquier otro elemento del Universo DC, donde realmente está ambientada la serie. Esto puede suponer algo acertado o no, ya que el material está ahí para ser usado, pero ¿por qué usar elementos existentes cuando tienes libertad creativa y narrativa para dar vida a infinitas posibilidades?