[Reseña] JLA: La Isla del Dr. Moreau

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Hay gente a la que la línea Otros Mundos ya le atrae de por sí, sin más, solo por el hecho de saber que va a disfrutar de mundos alternativos en los que viven versiones alternativas de los héroes de DC Comics de siempre. Si a eso le sumamos un gran nombre al frente del proyecto, Roy Thomas, y que la obra es todo un clásico de los cómics (y además se basa en un clásico literario todavía mayor), pues no hay razón por la que no hacerse con el tomo JLA: La Isla del Dr. Moreau de ECC Ediciones, si es que no se tiene ya. Ahora bien, a veces las apariencias engañan.

Como su propio título indica, y como ya comentamos más arriba, esta novela gráfica se basa en el gran clásico homónimo de la ciencia ficción escrito por H. G. Wells, que gira en torno a la evolución, la experimentación, la sociedad y el jugar a ser Dios, creador y dador de vida.

El cómic de Thomas sigue prácticamente a raja tabla la trama del famoso libro, aunque permitiéndose algunas licencias en forma de nuevos personajes o giros. Seguimos teniendo al Dr. Moreau, un científico loco obsesionado con la vivisección y la idea de convertir a animales en seres humanos. Aquí, el Doctor cruza especies a las que somete a su voluntad obligándoles a seguir unas reglas que intentan mantener a ralla su instinto animal, algo a lo que al final siempre tienden por su naturaleza.

Lo curioso de esta versión comiquera, y aquí es donde tiene sentido ese añadido de JLA, es que las monstruosidades creadas por Moreau poseen poderes y aspectos que recuerdan a varios miembros de la Liga de la Justicia original. Eso sí, simplemente recuerdan, porque en ningún momento se explica el cómo o el por qué, ni parece que tenga lógica alguna. Tan solo parece algo más bien metido con calzador para establecer algún tipo de enlace con DC Comics que otra cosa.

Es la segunda parte del cómic la que realmente se desmarca de la novela original, y gracias a Dios la que nos aporta algo de frescura y calidad, creando cierto interés por lo que se tiene entre manos. El Dr. Moreau decide regresar a la sociedad, más concretamente a Londres, para presentar al mundo sus horripilantes descubrimientos en el campo de la vivisección. Obviamente, todo el mundo queda horrorizado, y con el fin de convencer al pueblo de que sus criaturas son humanas pese a su aspecto y habilidades, encomienda a estas la tarea de dar caza a un asesino que está sumiendo a la ciudad en un completo caos: Jack el Destripador. Es aquí donde Thomas intenta convertir de nuevo, sin necesidad, a las criaturas en héroes, intentando establecer otro lazo incensario con la Liga de la Justicia. Quizás este sea su intento de ahondar en estos seres, pero la necesidad de resaltar a los que verdaderamente son los protagonistas no iba bien por este camino.

Sin embargo, a pesar de esta diferenciación, la recta final del cómic se basa más o menos en lo mismo que el libro, al menos en esencia, que viene siendo la progresiva deshumanización que sufren las bestias hasta volver a su comportamiento natural, algo que lamentablemente se parece extender a la raza humana. Lamentablemente, y como parece suceder durante toda la obra con todo lo que rodea a las bestias, esta involución se produce de forma repentina, sin motivo aparente y sin un desencadenante que lo provoque. Al menos, el giro que supone la trama de Jack el Destripador tiene tintes de sorpresa y se resuelve de forma más que aceptable.

Si el guión ya resulta insulso de por sí, hecho sin ganas ni pasión, a los dibujos de Steve Pugh les pasa un poco lo mismo. Viñetas pobres, personajes mal caracterizados y rostros sin vida, y todo ello no por falta de calidad, sino dando esa sensación de estar trabajando en una obra ya muerta antes de nacer.

Pese a lo atractivo de mezclar La Isla del Dr. Moreau con los superhéroes, esta obra no cumple con su cometido, habiendo decidido abrirse paso por uno de los peores caminos posible. ¿El resultado? Un Otros Mundos sin fuerza, sin carisma y destinado a caer en el olvido salvo renacimiento provocado por posteriores reediciones. A título personal, una obra totalmente prescindible.