[Reseña] Arrow 3×03

Arrow

Toda serie cuenta con una estructura definida. Ceñirse a dicha estructura es vital para siempre mantener el tono adecuado del serial, pero a veces -cada vez con más frecuencia- es la propia estructura la que acaba por convertirse en una prisión. Es entonces cuando la serie no es que evolucione, sino que se estanca. Y romper esa monotonía puede ser realmente complicado.

Este 3×03 es un rara avis precisamente porque rompe, al menos en parte, la estructura establecida en Arrow. Ya sabemos cómo funciona: un maloso aparece en Starling City, el Team Arrow coopera para cazarlo y todo ello queda engalanado con los obligados flashbacks de Oliver. Sin embargo, aquí se vulneran dos de esas reglas.

La primera vulneración es que los flashbacks no son de Oliver, sino de Thea. Cabe decir que no es la primera vez que tenemos el gusto de ver el pasado de algún personaje secundario (tuvimos nuestra ración con Sara o Digg), pero sí es inédito que la historia se centre en Thea. Además, el gusto es doble porque eso significa que tenemos de vuelta a Malcolm Merlyn, el sociópata número 1 de Starling City. Quien fuera el primer villano de peso en Arrow parece mantenerse en buena forma, porque sus intervenciones con Thea son descarnadas y dotan a la pequeña Queen de una nueva actitud que a un servidor le entusiasma. Atrás quedó la niña consentida que faena tenía para no ser arrestada estando drogada.

Y la segunda vulneración  a la que me refería es el abrupto cambio de escenario. Dejamos atrás Starling City para explorar Corto Maltés, la pequeña isla sudamericana que introdujera Frank Miller en las páginas Batman. Este hecho tiene una repercusión que va mucho más allá de retirar a Arrow de su coto de caza privado. Por ejemplo, no tenemos escenas nocturnas -una de las señas de identidad de la serie-, todo está pasado por un filtro amarillento muy similar al que aplican en los flashbacks de Hong Kong, y el hecho más importante: el propio Arrow apenas asoma la cabeza más que al inicio (lógicamente, aún en Starling City).

Es muy posible que ambas “ilegalidades” no gusten demasiado al espectador habitual, quien puede llegar a considerar este capítulo como flojo, lento o carente de interés. Yo opino justo lo contrario. Me ha parecido fresco, distinto y muy bien llevado, a pesar de contar con menos acción de la habitual. ¿La razón? Pues el escaso protagonismo de Oliver, claro. No es solo Thea quien chupa minutos en pantalla, sino que todo el elenco de secundarios consigue tener su momento, llegando muchas veces a protagonizar escenas o conversaciones ciertamente jugosas.

Desde Digg con su búsqueda de la verdad hasta el pobre Roy arrepentido por sus secretos y mentiras, sin olvidar a una inmensa Felicity o a una Laurel con un camino de lo más sugerente. Llegó la hora de sacar a relucir esas trabajadas relaciones entre personajes, y el resultado es ciertamente notable. Se palpa un trabajo concienzudo de guión, especialmente en los diálogos, mucho más trabajados de lo habitual (que ya es bastante).

La carencia de acción la suplen con creces tramas bien cimentadas. El sensei Merlyn tiene un punto atractivo, con un adiestramiento que recuerda mucho al protagonizado por Bruce Wayne en Batman Begins. Algo similar ocurre con Laurel y su coqueteo con la justicia callejera. Se agradece la dosis de realidad, y Luarel termina mordiendo el polvo al más puro estilo Kick-Ass. Toda la evolución de Laurel está bien construida, empezando por el profesor de boxeo hasta las palabras de su padre: llevar la placa en el pecho puede ser algo muy peligroso. Aquí prende la mecha del camino de Laurel. Aquí empieza a gestarse el nuevo Canario.

Un episodio distinto, no cabe duda, pero a la vez novedoso y atractivo. Nos ha dejado perlas tales como ver a Stephen Amell chapurrear el castellano, o a Oliver convertirse en un killer con el dedo en el gatillo. Pero aquello que más ha brillado en el capítulo es el drama. Especialmente durante la escena de la confesión de Ollie a Thea, cargada de emoción como pocas se recuerdan. Porque he aquí la magia de Arrow, que tras el mirakuru, las flechas y las ligas de asesinos, cuando toca ponerse seria lo logra sin demasiados problemas.

Y para terminar, aviso a navegantes: Felicity no estará en el 3×04, porque se muda. Sí señores, nuestra rubia preferida paseará su intelecto friki por The Flash. ¿Habrá lío amoroso? Pinta por ahí la cosa.