[Reseña] Deathstroke: Dioses de la Guerra

Deathstroke: Dioses de la Guerra

Comenzamos la serie regular USA Deathstroke gracias al primer tomo publicado por ECC Ediciones bajo el título Deathstroke: Dioses de la Guerra, que recopila los primeros seis números.

Deathstroke, o Slade Wilson, es uno de los personajes más carismáticos y queridos por los fans del Universo DC, un personaje que ha tenido (y está teniendo) mucho protagonismo en los Nuevos 52. Ya sea en solitario o como parte del Escuadrón Suicida, Wilson se ha hecho con un hueco entre los villanos y/o los antihéroes más destacados de todo el panorama comiquero. Una buena prueba de ello es su importante papel en una de las temporadas de la serie de televisión Arrow.

En la nueva serie regular protagonizada por el personaje, este sufre una serie de drásticos cambios a nivel personal, físico y familiar. Nada más comenzar, y a pesar de poseer un factor de curación bastante acelerado, una misión le deja al borde de la muerte. Sin embargo, un contacto del pasado consigue salvarle, pero trasladando su conciencia a un nuevo cuerpo. Ahora, Slade Wilson es un tipo joven, ágil, atlético y con los dos ojos. Este punto jugará un papel importante en varios aspectos, incluyendo el tener que acostumbrarse a usar los dos ojos o el tener que convencer a los demás de que es el auténtico Deathstroke.

La trama de este primer arco argumental está directamente relacionada con su familia, y como siempre ocurre con los mercenarios, se ramifica a partir de una misión a realizar para un misterioso cliente. El gran villano a derrotar no es otro que Odiseo, el padre supuestamente muerto de Slade, que ha conseguido hacerse con una gran fuente de poder que, casualidades de su vida, es su propio nieto (y por tanto hijo de Slade), Jericó.

Con la misión de salvar a su hijo entre ceja y ceja, Slade se mueve por el mundo en su busca, sin alejarse demasiado de la idea de tener que detener a su padre con la muerte. Esto acaba llevando a Deathstroke a Gotham, donde colaboración con Harley Quinn y pelea con Batman aparte, se pone punto y final a todo esto con la ayuda de su otra hija, Rose.

La construcción de este guión, así como los dibujos, corren a cargo únicamente de Tony S. Daniel, que ha sabido combinar perfectamente el carisma de Deathstroke con los puntos fuertes del personaje, las historias de mercenarios, la acción, el nivel de violencia y el humor que alguien como Slade Wilson necesitaba para revivir de la forma que todos los lectores esperan. Además, la creación del arco en base a personajes conocidos de la vida de Slade, junto con las apariciones puntuales de clásicos como Quinn o Batman, facilitan la introducción del lector en la vida de un personaje que podría conocer o no, pero con el que conectará a partir de ahora.

Otra cosa que también hace bien Daniel en estos números es el establecimiento de una base para el futuro en el primer arco, dejando puertas abiertas pese a cerrar la trama de forma rotunda. Así, nos encontramos con un nuevo comienzo para un personaje que, a día de hoy, gozaba de mala suerte en sus andaduras en solitario. Bien es cierto que la originalidad brilla por su ausencia, pero Deathstroke cumple con ese perfil que tanto gusta al lector de cómics de superhéroes, la de un antihéroe que camina sobre una delgada frontera moral que, según la situación, le lleva a cruzarla a un lado o a otro.

En cuanto a los dibujos, si hay alguna ventaja en que el autor escriba y dibuje al mismo tiempo, es que el ritmo y la sinergia son perfectos. Si además sumamos que Daniel presenta un nivel artístico soberbio, con escenarios, caracterizaciones y momentos de acción de muy alto nivel, el resultado es un cómic que nada tiene que envidiar a los mejores. Bien es cierto que aún queda mucho por demostrar, ya que mantener a un personaje así sin caer en la repetición es complicado, pero si Daniel consigue mantener el nivel estamos ante una serie muy apetecible cuyo éxito ya presente está bien merecido.