[Reseña] Nuevo Escuadrón Suicida: Locura Pura y Dura

Nuevo Escuadrón Suicida: Locura Pura y Dura

Tras los acontecimientos de Maldad Eterna, A.R.G.U.S. ha quedado tocada y el Escuadrón Suicida que dirigía Amanda Waller se ha roto, por no decir que ha desaparecido. Sin embargo, el gobierno ha visto esto como una oportunidad de hacer borrón y cuenta nueva, y aunque mantienen a Waller en el ajo por su experiencia, la han relegado a una posición meramente consultora a la hora de gestionar la misiones de un nuevo Escuadrón. Ahora bien, los miembros de este nuevo equipo de choque clandestino han sido elegido de forma errónea por manos inexpertas, y además sin un control que vaya más allá de promesas, algo que no tardará en dar problemas.

Digamos que esta es la base de lo que se trata en el tomo de ECC Ediciones Nuevo Escuadrón Suicida: Locura Pura y Dura, donde se recopilan los seis primeros números de la serie original USA New Suicide Squad.

Lo cierto es que lo de «Nuevo» viene más por el punto de inflexión que ha supuesto Maldad Eterna para la organización, más que para el equipo en sí. De hecho, aunque se unen un par de nuevos miembros (Manta Negra y la Hija del Joker), la base con Deadshot, Harley Quinn y Deathstroke se mantiene, y el mayor cambio lo notamos en la dirección. Eso sí, tras una primera misión fallida, las tornas cambian rápidamente y Waller vuelve a asumir funciones de control.

Y es que esa primera misión es un completo desastre. Tampoco entraré en detalles, pero cuando la cosa se pone fea, Deathstroke deserta y Deadshot es capturado y herido de gravedad. Es cuando Manta Negra asume el papel de líder, mientras tiene que hacer de niñera en el punto cómico de la serie: el enfrentamiento obvio entre Quinn y la Hija del Joker.

Dejando de lado la trama y hablando un poco de qué hace y cómo lo hace Sean Ryan, hay que decir que el guionista no se complica la vida en exceso. En estas páginas tenemos acción simplista, diálogos vacíos, bromas fáciles y una trama intrascendente que da la sensación de ser más una mera introducción de cara al futuro de la serie que un arco argumental en sí. Eso sí, entretenido es de sobra, puesto que la lectura se antoja muy sencilla y dinámica, sin apenas descanso.

En cuanto al dibujo, las labores artísticas recaen sobre los lápices de un amplio elenco de dibujantes, formado por Jeremy Roberts, Norm Rapmund, Rob Hunter, Tom Derenick, Trevor Scott y Vicente Cifuentes. En este caso, digo lo que siempre digo en estos casos, y no es nada positivo. Tener seis números de una serie nueva dibujados por otros tantos dibujantes da como resultado un batiburrillo de estilos y puestas en escena que varía como una montaña rusa. Altibajos, variaciones, incongruencias y más o menos sinergia con el guionista. Eso sí, al menos el nivel se mantiene en un punto medio que, si bien no destaca demasiado, tampoco llega a un punto crítico de falta de calidad.

En definitiva, este nuevo Escuadrón Suicida se presenta como algo banal, de consumo rápido y sencillo, sin complicaciones ni tener que pensar. Obviamente, esto da forma a un producto totalmente lícito, pero al que cabe exigirle mucho más si quiere perdurar en el tiempo, o al menos que no sea cancelado a corto plazo. Esperemos que Ryan sepa corregir eso, porque la base la tiene.