[Reseña] Arrow 4×01 – Green Arrow

Arrow ha vuelto. Y con ello, no me refiero tan solo al inicio de esta cuarta temporada. Ha vuelto aquello que hizo grande a esta serie, cuatro años atrás. Para todos aquellos que, como un servidor, asistieron con impotencia a la mediocridad en la que cayó la anterior temporada, tengo una buena noticia: este primer bocado es esperanzador.

Supongo que aún es pronto para lanzar las campanas al vuelo. Al fin y al cabo, el año anterior también arrancó con garra, con la muerte de Sara. Y ya sabemos cómo acabó todo. Una proliferación de enmascarados que escapó a todo control, personajes que deambulaban por el show sin un propósito fijo -Roy, Laurel-, rocambolescos tríos amorosos sin ton ni son (Felicity, Oliver, Ray), unas coreografías casi hermanas a las vistas en los Power Rangers y sobre todo, un Ra’s al Ghul decepcionante a más no poder.

Precisamente, un pilar tan primordial de la mitología de Batman como es Ra’s y la Liga habían despertado en el fandom, especialmente en los inicios de la tercera temporada, una expectación máxima. No es para menos. El poder en la sombra, ese temido Ra’s al Ghul, el padre de Nyssa, aquel ante quien Malcolm Merlyn era poco más que un niño de teta. Y podríamos decir que hasta la no-muerte de Oliver el mito de Ra’s se mantuvo en pie. Sin embargo, poco a poco todo comenzó a desdibujarse, a pesar de la más que competente interpretación de Matt Nable.

Fue una lástima, más aún si tenemos en cuenta que la galería de villanos del universo televisivo DC, y de Arrow en particular, suele mantener un nivel más que digno. Malcolm Merlyn y sobretodo Slade Wilson dotaron de una dimensión agresiva, verosímil e interesante a la parte más oscura de Starling City (ahora Star City, por fin). Pues bien, para aquellos que apreciamos los matices de un buen villano, aquí llega Damien Darhk.

Darhk, más gracias al fantástico Neal McDonough que a otra cosa, irrumpe en Arrow por la puerta grande. Frío, implacable, temible, letal. Y lo más interesante de todo ello: sus habilidades parten de lo sobrenatural, algo que hasta ahora no había sido explorado en la serie. ¿Será este el enlace para traer a Constantine? Esperamos que así sea.

Arrow

Y es que este arranque de temporada lo tiene todo. Otro gran mal del pasado como eran las escenas de acción parece haber mejorado sustancialmente. Hay una liberación de tramas indeseadas, al haber desaparecido personajes que no terminaban de encajar con el tono de Arrow. Ray Palmer, quien sabemos que se muda a Legends of Tomorrow, y Roy, que “falleció” para mi deleite personal, han allanado mucho el camino a lo que verdaderamente importa. Laurel sigue sin encontrar su camino, más si tenemos en cuenta lo forzado de su conversión a superheroína. Pero quizás solo necesite tiempo.

Sin embargo, alguien que ha conseguido sorprender gratamente es Thea Queen. El arco de Thea en la serie es irregular. A veces estrambótico, a veces surrealista, pero esta Thea Queen, violenta y a la vez infantil, goza de un punto interesante que, si se explota con inteligencia, puede dar para mucho. Y es que al final, por encima de la historia o la trama en general, la mano del guionista encargado del capítulo en cuestión se antoja casi salvadora. Ese ritmo trepidante made in Arrow, con esas dosis justas de humor, drama y acción superheroicas, hacen de este arranque de temporada uno de los más acertados que recuerdo. Cierto es que algunas ideas beben casi literalmente del Batman de Nolan, como por ejemplo el vacío de poder que se origina en una ciudad cuando un psicópata asesina a todos sus dirigentes. Este concepto, ya explorado por el Joker en El Caballero Oscuro, condena a la ciudad al caos, la anarquía más salvaje y nos invita a reflexionar sobre nuestro papel en una sociedad inmersa en el miedo. Pero pese a la evidente “inspiración” que ha supuesto la cinta de Nolan en este tipo de tramas, lo cierto es que uno no puede más que admitir que la premisa es suculenta.

No puedo cerrar esta reseña sin detenerme en la escena final del capítulo. Sí, me refiero a la de la tumba. Probablemente estemos ante la escena mejor escrita que se ha visto en Arrow. No ya solo por la participación en ella de Barry, y cómo consiguen hilar con The Flash sugiriendo sin llegar a revelar (pues, como sabemos, Zoom aún no ha hecho acto de presencia). Tampoco por la fantástica interpretación que nos brinda el bueno de Stephen Amell, donde a uno se le encoje el corazón por el dolor del protagonista. Esta escena es increíblemente inteligente por darnos a los fans semanas y semanas de pura especulación.

La pregunta es obvia: ¿Quién ha fallecido? La respuesta que parece ganar puntos es Felicity, por la implicación de Barry en todo ello, y por el discurso de la luz y la oscuridad. Sin embargo, estamos abiertos a propuestas. ¿Dig? ¿Laurel? (sí, por favor) ¿Thea?

Lo peor del capítulo:

– El lastre que suponen los sucesos de la tercera temporada. Nadie entiende por qué Oliver no confió en Diggle cuando se unió a Ra’s, y cómo pudo secuestrar a Sara y a Lyla. Habrá que ver cómo arreglan este tinglado.

– Canario Negro. Todo en ella chirría.

Lo mejor del capítulo:

– El nuevo traje. Luce espectacular, la verdad.

– Damien Darhk. Hay muchas esperanzas puestas en él y su colmena. Más aún con las conexiones que nombra Deadshot.

– El arranque. Oliver corriendo por el bosque -con capucha verde incluida-, la vida de la pareja. “Felicity Smoak, le has fallado a esta tortilla”.

– Parece que los flashbacks ganarán en importancia. Una buena noticia que vuelva a aparecer la isla.

– La escena final. Magistral recurso el de la tumba.