[Reseña] Arrow 4×02 – The Candidate

Arrow

Perder el favor del público, su confianza, es algo sumamente fácil. La ilusión de los espectadores es algo frágil, casi de cristal. Bien pudimos verlo en la olvidable tercera temporada de Arrow. Por el contrario, recuperar esa esperanza perdida es siempre una tarea ardua, a veces casi imposible. Requiere tenacidad, amor por lo que estás haciendo y no tener miedo al cambio.

Después de dos capítulos de Arrow estamos ya en una posición ventajosa para emitir un juicio. ¿Es esta la serie que siempre quisimos ver? Sin duda. ¿Significa eso que podemos estar tranquilos? Mantener el tipo a lo largo de veintitrés largos capítulos es algo que ningún serial ha logrado nunca. Hay picos, tanto de genialidades como de estupideces. Por suerte, parece que el equipo de la CW se ha puesto las pilas y trabaja duro por subsanar todo aquello que no convencía en la -a grandes rasgos- fallida tercera temporada. Casi como si de un decálogo se tratara, Andrew Kreisberg, Greg Berlanti y demás capos de la serie tienen ya en su punto de mira los errores a reparar. Y este segundo capítulo es una buena muestra de ello.

– Felicity gana peso en la trama. Hasta ahora, el personaje de Felicity Smoak había logrado la nada deleznable tarea de cautivarnos con su humor nerd para luego caer en la más absoluta indiferencia. Había perdido su chispa, aquello que la hacía ser quien era, al convertir su admiración por Oliver en un amor ñoño y a veces incluso belicoso, casi como una madre. Por suerte, la actual estabilidad de la pareja goza de una química que resulta refrescante. No solo por ese factor X que Felicity parece estar recuperando, sino porque su peso en la trama ahora es capital. Todo un acierto el mostrar los conflictos de la hacker como mandamás en la empresa, en esas reuniones de pastores que auguran ovejas muertas. Toda una dosis de humanidad el conflicto con los despidos. Me quito el sombrero.

– El personaje de Laurel está en la UCI, y necesita ser salvado ya. Casi como si la CW se pasara por aquí a leer estas humildes líneas -si es así, no olvidéis comentar-, la trama de Laurel gana enteros por momentos. ¿Solo a mí me encantaba Sara? Pues vamos a tener de ella más que dos cucharadas, porque la auténtica Canario, al menos el de la serie, está lista para volver. Sí, vale, quizás esa escena momificada en el ataúd sobraba, pero a estas alturas no vamos a ponernos quisquillosos. De momento disfrutemos con ese hueco que parecen haber encontrado para Laurel, con los paralelismos de hermanos perdidos que mantiene con Dig y Oliver.

– Las coreografías vuelven a ser la leche. Y desde aquí lo aplaudimos con esmero. Arrow no podía renunciar a una de sus señas de identidad. Combates como el de Arrow contra Malcolm Merlyn, o los muchos protagonizados por Sara y Slade eran ya un recuerdo lejano, pues tan solo el primer duelo de Ra’s con Oliver consiguió mantener el tipo. Por fortuna, aquí llueven palos para todos los gustos y colores. Desde Oliver contra Thea hasta la confrontación final de ambos arqueros contra el malo malísimo.

– Hablando de malos… ¿ese era Anarquía (Anarky)? Los veteranos de los cómics estamos de enhorabuena, porque el tratamiento de los villanos parece ser una de esas prioridades que CW se toma más en serio. El momento del antagonista episódico ya pasó, y ahora cada adversario parece tener un tiempo de cocción, una evolución dentro del show. La elección de Anarky se antoja todo un acierto, pues la filosofía del caos de Anarky es el contrapunto exacto para todo aquello que representa Damien Darhk, el hombre a batir esta cuarta temporada. Villanos los dos, pero con métodos muy distintos, Darhk refuerza su presencia con cada aparición. Casi parece comerse la pantalla. Se nota el trabajo detrás del personaje, con ese bagaje de “orden” que parece regir su modus operandi. Exactamente igual que una Colmena de abejas. No es casual el nombre de su organización: Colmena.

– Los flashbacks de la isla. Lian Yu mola. Siempre ha molado y en la cadena lo saben. Atrás quedan aquellas atropelladas historias en Hong Kong. Los flashbacks se cuecen a fuego lento, como antes, y todos tienen un por qué. Ah, y por fin Oliver se ha cortado ese pelo tan horrible.  Ya tocaba.

– Y por último llegamos al punto más controvertido. Es importante que si no has visto el capítulo, termines de leer ahora. Aunque, la verdad sea dicha, si ese es el caso llevas leyendo SPOILERS desde el principio. Me refiero, claro está, al Oliver candidato a la alcaldía. Visto fríamente, es una idea disparatada. Alcalde de día, superhéroe de noche. Suena a película de serie B. Sin embargo, voy a romper una lanza a favor de dicha idea: me parece genial. De hecho, toda la serie parece encaminada a este punto. Si recordamos el piloto de The Flash, Oliver le dice a Barry que él puede inspirar de un modo que el propio Oliver nunca podría. Es evidente que todo confluye aquí, y hasta ahora esto es algo que no había sucedido nunca en el mundo del cómic. No así, desde luego. Las historias de vigilantes tomando el poder tienden a caer en la crítica a la corrupción de la omnipotencia, como en Superman: Hijo Rojo o The Authority. Este no es el caso. Como mínimo, esta nueva etapa de Arrow tiene un sabor propio, un sabor diferente y más importante aún: sugerente.

Quiero más. Y eso hacía tiempo que no ocurría.

Lo mejor de esta semana en el Universo televisivo de DC (Si no has visto The Flash 2×02, cuidado SPOILERS!

– Anarky. Su sadismo, su ideología que bebe del caos. Y ese duelo final con Thea en modo psicópata.

– Jay Garrick. Toda una delicia el plano donde ambos Flash acuden en auxilio de la detective, emulando a la famosa portada donde aparecía Jay por primera vez.

– Felicity y su faceta de jefa. ¿Cómo se llama el nuevo personaje que desarrolla la ecuación que reflotará Industrias Palmer?

– Harrison Wells está de vuelta. Suya es la corona como mejor villano de este universo (o mejor dicho, multiverso). ¿Alguien lo duda?