[Reseña] Lobo: El Asunto Qigly

Lobo: El Asunto Qigly

Era cuestión de tiempo. Después de tanta miniserie, tanto éxito, tanta demanda, llegó el momento en el que DC Comics decidió que era la hora de lanzar una serie regular de Lobo. Eso fue en 1993, y eso es precisamente lo que tenemos aquí, un tomo titulado Lobo: El Asunto Qigly en el que ECC Ediciones ha recopilado los seis primeros números y el primer anual de Lobo, que cuenta con guión de Alan Grant y dibujos de Val Semeiks.

De igual modo que todo lo que he reseñado anteriormente de este personaje, lo que existe en estas páginas es puro material de principio de los 90, una época que para muchos es de las peores de la historia del cómic, tanto a nivel narrativo como artístico. Es verdad que Lobo supo sacar provecho de ello, porque el estilo de la época le vino como anillo al dedo, tanto por los dibujos desproporcionados y nada censurados, como por sus historias llenas de acción, violencia y absurdidad. Pero bueno, hasta aquí nada que no supiéramos ya de antemano.

Y ese es el problema, que no hay nada nuevo. Estos seis primeros números de la serie regular se limitan a continuar la fórmula ya vista en las series limitadas, esto es, breves historias sin ton ni son que sirven de trampolín para que Lobo se desate y genere violencia, destrucción y vulgaridad. Ahora bien, estamos en una serie regular, ¿no encajaría elaborar una historia central, un arco argumental o incluso introducir a algún personaje secundario? Porque por no haber, no hay ni personajes secundarios que duren más de un número (exceptuando a los amigos de L.E.G.I.O.N.), y eso resta interés hasta el punto de que quizás hubiese sido mejor seguir con el lanzamiento de miniseries cada X tiempo.

Ya sabéis que un servidor no tiene a Lobo como santo de su devoción, pero si a eso le sumamos que estas no son historias que hayan soportado excesivamente bien el paso del tiempo, nos encontramos con una lectura que al llegar a la mitad ya nos tiene agotados y sin interés. La gracia se agota, la expectación desaparece y la atención se esfuma. Y lo más importante, los chistes sobre cacas, pedos, culos y pis se vuelven cansinos y carentes de valor.

En cuanto a los dibujos, nunca pensé que diría que el trabajo de alguien como Semeiks, que para mi gusto es mejor que Simon Bisley en lo que a este personaje respecta, tiene mucho margen de mejora. No es que el dibujo sea malo, pero su estilo limpio y delineado no se adapta a un personaje que demanda lo que Bisley sabía hacer tan bien: desmadre, locura, desenfreno, caos y suciedad. Esto tiene sus ventajas, y es que en momentos de acción es más fácil seguir la trama, pero como contrapunto está la pérdida de personalidad. Resumiendo, Semeiks dibuja mejor, pero su estilo no es precisamente el que mejor encaja en la serie.

Y en estas nos encontramos. Un personaje que no me gusta cuyas historias y fórmula se han quedado anticuadas, y que pese a debutar en una serie regular no parece actualizarse conforme a esta nueva situación. ¿Mejorará la cosa? Lo dudo mucho, pero hay que tener fe.