[Reseña] Batman: Manbat

Batman: Manbat

Batman: Manbat es uno de esos ejemplos en los que el giro que se le quiere dar a una obra hasta no encajar en la continuidad no implica que esta no acabe viendo la luz.

En 1995, el guionista Jamie Delano quiso contar una historia de Batman con Manbat como villano principal. Sin embargo, su nuevo enfoque del origen y el desarrollo del antagonista se alejaban totalmente de lo que por aquel entonces se consideraba como estándar dentro de la continuidad del Universo DC. Por ello, los editores decidieron dar verde al proyecto, pero dentro de la línea Otros Mundos, otorgando a Delano la libertad total y absoluta para narrar lo que él quisiese como él quisiese.

Ahora, ECC Ediciones recupera el material cuando se cumplen 20 años de su publicación, rememorando la que posiblemente sea una de las mejores interpretaciones que se han hecho de Manbat, por mucho que se aleje de lo considerado como estándar.

En primer lugar, hay que comentar que Delano era un reconocido guionista amante del terror, y llegaba con la vitola de ser co-creador de Hellblazer (que no de John Constantine) para el sello Vertigo de DC Comics. Eso se nota en el aire que imprime en Batman: Manbat, que si bien no es una historia de terror propiamente dicha, sí que capta la esencia de las novelas o películas protagonizadas por monstruos a lo Frankenstein o el Conde Drácula.

Jugando siempre con las modificaciones genéticas y el ansia por jugar a ser Dios creando seres superiores, es curioso el cara a cara entre el que se hace llamar Hombre Murciélago y el que realmente es físicamente un hombre murciélago, pese a que mantiene su intelecto de científico avanzado totalmente intacto. Tampoco hay que olvidar el sello social y ecológico que imprime Delano al hacer girar la historia entorno a un compuesto químico robado por una activista que podría acabar con los seres humanos. Es muy interesante ver la lucha interna de un Kirk Langstrom, que creyéndose ahora un ser superior, sopesa si acelerar el inevitable destino de una raza humana abocada a la extinción utilizando el citado compuesto.

Aunque el guionista consigue crear un pensamiento razonable en todo lo que dice y hace Manbat (algo que queda sumamente de manifiesto en el desenlace), es imposible ignorar lo lejos que ha llegado, rayando incluso la locura, con cosas como la creación artificial de sus «hijos» o la transformación de su amada esposa. Precisamente, la familia juega un importante papel en la trama y en la actitud del propio villano, con una mujer devota pese a las circunstancias, y unos hijos que se sienten rechazados por no ser el resultado perfecto esperado.

En cuanto a Batman, la versión del Caballero Oscuro que vemos aquí es un tanto hosca, y, digamos, diferente. Se trata de un tipo rudo, parco en palabras, muy serio y con comentarios un tanto extraños. En el 99% de las veces parece que se trata de Robocop o de Juez Dredd por su forma de formular los planteamientos, por lo robótico de sus actos y por lo estricta que es su moral. Esto queda de manifiesto en cada aparición del personaje, pero sobre todo en los graciosos diálogos con la activista, que no se corta a la hora de replicar al Cruzado de la Capa. Al final, la sensación que deja esta actitud es la de un Batman casi de risa, que no hace más que resaltar el halo turbio y terrorífico que rodea a Manbat.

Otro detalle interesante de Batman es que lo encontramos en un entorno que no le es propicio, y donde sus dispositivos apenas son válidos. Al final, depende de la fuerza bruta y del ingenio, y debemos recordar que nos encontramos ante unos seres que son más fuertes y, al menos uno de ellos, más inteligentes. El resultado, como todo lo que sucede en esta obra, es casual, con un Manbat que se ve envuelto en todo esto por casualidad, y un Batman que lo resuelve también por casualidad (aunque con la ayuda más inesperada).

A la interesante propuesta narrativa, se une los dibujos de John Bolton, un tipo al que también le ha gustado moverse por el oscuro mundo del terror. Y diablos, se nota. Su estilo se adapta perfectamente a la ambientación de la obra, y ha sabido complementar a la perfección todos los detalles destacados del guión. Los ejemplos claros son Batman y Manbat, recibiendo el primero unos toques de exageración en su traje que le dan un perfil aún más cómico que el que le proporcionan sus diálogos, y quedando para el segundo un envoltorio de terror y una superioridad física que han sido necesarios para crear la dicotomía existente. Muchos pensarán que los dibujos están muy por encima del guión, y quizás sea cierto, pero también lo es que probablemente no habríamos visto una cosa sin la otra.

En definitiva, y resultando obvio dado el lanzamiento de esta nueva edición, Batman: Manbat es una obra que digna de lectura, independientemente de lo fan que se sea del Caballero Oscuro.