Jes Macallan cuenta cómo fue enseñar Legends of Tomorrow a sus padres

A pesar de pertenecer al Arrowverso, no se puede negar que la serie de televisión Legends of Tomorrow es única con respecto al resto. Es salvaje, graciosa y no se toma a sí misma demasiado en serio, poniendo regularmente a los héroes en situaciones inesperadas e improbables. Una de esas situaciones fue el momento escogido por la actriz Jess Macallan para dar a conocer la serie a sus padres, y el resultado fue un poco incómodo.

En una entrevista para The Iris, Macallan, que interpreta a Ava Sharpe en la serie, reveló que la primera vez que sus padres vieron la serie fue con Beebo el Dios de la Guerra, que resultó ser un episodio donde un peludo juguete infantil azul era representado como un dios.

Fui a enseñárselo a mis padres, todo padre esperas que quiera ver lo que haces. Es muy divertido, porque fue el episodio con Beebo, el juguete peludo. Literalmente, hubo silencio, como un silencio incómodo de 45 minutos, y después terminó, y todo el mundo dijo, ‘Vale. ¿Qué es esto?’, y yo dije, ‘En realidad tienes que meterte en ellos e involucrarte con los personajes y saber que no hay reglas en esta serie. Son viajes en el tiempo, es absolutamente ridícula, y no puede tomarse demasiado en serio a sí misma’.

Incluso aunque la serie no se toma en serie a sí misma, Macallan explicó que hay mucho más en ella que esos elementos absurdos como Beebo.

Bueno, ese es el tema, cuando hablas con los guionistas, siempre les aplaudo, porque no hay forma de que yo pueda mantener todas las historias y la trama enlazada. Pero si piensas realmente sobre lo que tienen que inventar, especialmente en el episodio de Beebo, tienes a esa banda de vikingos, vuelves atrás en el tiempo, imagina si se rompiese el tiempo, y lanzasen a ese animal de peluche, que está basado en el muñeco de Elmo Grandes Abrazos, no sé si tuvo impacto aquí, pero causó furor en los Estados Unidos. Si ese animal de peluche se pusiese de alguna forma en manos extrañas y acabase en la era vikinga, pensarían, ‘Oh, Dios mío’. Hay algo de verdad ahí, porque habla, y cuando lo tocas, es absolutamente ridículo.